Víctor Espinós con motivo de la organización de la Boda serrana en 1924

 Al margen de una fiesta – Por Víctor Espinós Agosto de 1924

Con motivo del evento LA BODA SERRANA 

Disciplina, amor, devoción...

Ha querido la Providencia unir nuestro nombre modesto a la realización de una presta artística y patriótica, cuya finalidad espiritual justificaría todos los afanes y todas las fatigas. Una villa histórica entre las de la histórica Mancomunidad segoviana. El Espinar, posee un templo herreriano esplendido, vieja colegiata; de ábside elegante, de naves anchurosas, de bóveda airosa; con un coro principal sobre un arco rebajado que asusta a estos constructores que han cedido el paso a las curvas de hierro, llenas de segmentos y tornillos, tan lejanas de aquellas construidas sobre y por dovelas demostrativas, como las varas de las fasces, de la fuerza hija de la unión; con un coro bajo de haya tallada, en que campean los angelotes mofletudos y sus frutas gigantescas; con un órgano suntuoso... y mal sonante; con un elegante y rico retablo broncíneo y marmóreo... 


Esta Iglesia se viene abajo: sólo las cigüeñas, con una candorosa inconsciencia admirable, siguen morando en aleros y salientes, sin que las asuste el techo cuarteado ni el apizarrado abierto y sin que las desengañe la cruel constancia con que suelen verse despojadas de sus nidos, dentro de los cuales ponen los suyos los tordos y estorninos, vecinos bien hallados con los gorriones y vencejos. 

Se viene abajo y el cura párroco ha pedido auxilio, porque su dotación es exigua y no puede con tanto. Un Concejo bien regido esta vez, ha hecho suyo el lamento y ha citado a una reunión de autoridades: no hemos ido, naturalmente, a esa reunión, en calidad de autoridades. Por la divina misericordia no tenemos ninguna. 

Pero nuestra historia de enamorados de la tradición y nuestro abolengo de organizadores de evocaciones españolas nos han dado un lugar de esa junta. Hemos opinado, hemos propuesto. La junta, afectuosamente, ha prestado su aquiescencia. Viviremos unas horas del tiempo viejo. Trátase en este festejo de rendir homenaje a la tradición nupcial cristiana que es la esencia misma de la continuidad de la existencia social humana. Una boda de hace cien años... A esta distancia, que en la Historia es leve, impera ya la tradición o vibrará la muchedumbre, en presencia de estas vejeces. 

No hemos querido escribir una página de historia, sino una evocación. Nuestro plan no es documental, aunque lo apoyemos en los documentos, fríos de suyo... Por eso, en nuestro cañamazo, junto a los novios y los padrinos y los mozos de boda, se agruparán en la comitiva, como guardias de honor, los pastorcillos de las cañadas, los labradores de las mesetas soleadas, los lecheros que hienden los troncos, disputan su presa a las águilas y desafían serenos la ventisca, que ataraza los cuerpos, y desprecian el casi humano lamentar del cárabo que atemoriza las almas; por eso, junto a los elementos líricos y dinámicos de la Sierra, se oirá la voz de la noble poesía suscitada en el corazón de un soñador de la urbe por la severa majestad de la montaña y por el glorioso resplandor de Castilla Madre, y la dulzaina y el tamboril serán bude bucólico de las grandezas épicas de los riscos y de los suaves y románticos efluvios del amor honrado, que también sabe hacer su nido entre las peñas; por eso las hachas de dos bocas, las agujas, los horcones, las palas de aventar, las hoces, rastrillos y cayadas, mostrarán su regocijo engalanados, como nuncios del trabajo florecido y por eso, también, a los requerimientos cordiales de colaboración en este empeño, cederán juntos y unánimes los hombres del campo y los hombres de la ciudad como en un grato y momentáneo retornar al primitivo ruralismo fraternal: todos de la tierra y la tierra para todos, bajo la mirada providente, paterna, infinitamente comprensiva de Dios Creador, Dios Redentor, Dios Glorificador.

Y de entre la muchedumbre han surgido, como a un conjuro muy cristiano y muy español, desde los revoltosos chicuelos del «revoleo» hasta las parejas majas que han de lucir su gentileza sobre los enjaezados potros serranos; desde los rabadanes de cabreña modrila, hasta las mozas segovianas que se erguirán sobre las carretas (gualdrapas populares, cuernas doradas) empavesadas como sobre un trono, o desharán los pliegues de su garbosa manteo carmesí en la honesta y graciosa “Rueda”; desde los bueyeros, que parecen personajes de Longo, hasta las humorísticas figuras del juez y el notario con sus chisterones de alas planas y seda erizada.,.

Se ha vitoreado a España, entre varios miles de almas, que, enfervorizadas, han respondido en pie; mientras sonaba en la tierra la Marcha Española y en el cielo los estampidos de las salvas populares, que son los cohetes tronadores; han ondeado en manos femeniles (sesenta, setenta mozas serranas.,.) banderas policromadas de gloriosa heraldina regional, se ha danzado la señora, la honrada danza, entre graciosa y hierática, en anillo de vibrantes eslabones; se ha bebido el "serrano aloque, «el zumo de la vid, que alegra el corazón del hombre», se ha vivido una hora inolvidable en suma. Antes, en los hogares, se ha volcado el arca, en busca del recto calzón de estezado, de la montera parda, del vistoso pañuelo bordado, de la rameada cinta sedeña, en que alternan el negro, el verde, el rojo, un instintivo acorde encantador... y se ha volcado el arca del sentimiento; para encontrar las vibraciones por lo pretérito, mientras sonaba el agrio y agudo chillido de la chirimía, y se acomodaba el latir del pecho al ritmo arcaico del tamboril... Lo viejo resurgía, lo sano triunfaba el fuero inarcesible. 

Y todos éramos mejores, sí, mejores... El bueyero nos lo ha dicho al otro día, —Nostramo: eso de ayer ha estao mucho bien... Marras éramos más presonas... Me lo icía mi amo por la noche,,. Estaba orgulloso de que su carro hubia servio par la fiesta, y me dio un pláceme por lo que hicimos, ¡Nunca, en treinta años, me habló con tanto cariño y con tanto aquel de familia!... ¡Ah! Por ese minuto feliz del bueyero en treinta años de servidumbre, ¿Cómo no dar por buenos todos los esfuerzos y todas las fatigas? ¿Comprenderéis por qué quieren matar los rebeldes y los protervos la historia y la tradición venerandas?

VICTOR ESPINOS El Espinar (Segovia) Agosto de 1924.

Con motivo del evento LA BODA SERRANA 

publicado en el periódico EL CASTELLANO