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LA IGLESIA DE EL ESPINAR por Teodoro Baró. Año 1896

Interesante artículo escrito por Teodoro Baró para la revista "La ilustración española y americana" en su número del 30 de marzo de 1896, donde nos cuenta las maravillas que tiene nuestra iglesia y la construcción de su retablo y su fenomenal e importante Sarga.



En media docena de líneas creen los autores de Diccionarios geográficos que se puede decir cuánto interesa de El Espinar, población que suena en las luchas de las Comunidades, y que, más que en los libros y en la memoria de sus vecinos, tiene su historia en los grandiosos edificios de sillería, casas solariegas hoy en ruinas, de las cuales se sabe poco, con más tendencia a olvidarlo que a aclararlo, a pesar de que en aquel singular pueblo de la provincia de Segovia, metido en los repliegues del Guadarrama, ha de haber mucha tradición y mucha historia.

Anidan las cigüeñas, respetadas por los campesinos, en la torre de la iglesia parroquial; pastan en la sierra miles de vacas bravas, que abastecen nuestros mercados, en particular el de Madrid, sin que se aproveche su leche, porque por lo regular nos contentamos con lo que la industria pecuaria da de sí mientras no exija grande esfuerzo del hombre; abunda el ganado cabrío, el lanar, el de cerda, y se cosecha trigo con bastante cantidad. En la época de la trilla bajan las vacas a las eras del pueblo, empleadas en la faena de desgranar, y también en la de asustar a los veraneantes.

Suele coincidir con las operaciones de la siega y de la trilla un gran aumento de mortalidad en los niños, que los médicos están en el deber de estudiar, dando consejos para evitarlo, y que acaso tenga su origen en el abandono en la que apremiadas por la necesidad de ganar algunos cuartejos durante la recolección, tienen las madres a sus pequeñuelos, a los que amamantan después de un trabajo rudo, realizado al aire libro y recibiendo los rayos solares. El entierro de los párvulos oprime el corazón. El cadáver es llevado al cementerio en una almohada, que las pobres madres adornan con cintas y flores. El cura reza, bendice. El alma está en el cielo, y los restos son enterrados sin que una caja cualquiera los resguarde. Un féretro, por modesto que sea, cuesta dinero, y aquella gente es muy pobre. Luego, ¡La costumbre!

Napoleón pasó una noche en El Espinar, en un edificio algo distante de la población, que hoy es conocido por fonda de San Rafael. No le sería muy fácil proporcionarse algo para la cena, ni siquiera el famoso pollo de Marengo, que comparte con él la gloria de la célebre batalla, puesto que hubo necesidad de echar mano de las provisiones que sus servidores llevaban de repuesto para confeccionar algunos platos. La noche la pasó conversando con sus generales.

El absentismo tiene mucha parte en, que El Espinar no sea lo que fué, y también en que no sean lo que podrían ser los que abandonan sus tierras por la regalada vida de los grandes centros. La hacienda produce menos, el propietario gasta más, y el resultado es la ruina, que tantas casas ha desmoronado, privando al Estado del apoyo moral, y material de nombres ilustres que llenan nuestra Historia. Forma excepción el Marqués de Perales, que pasa los meses de verano en El Espinar, donde es querido y respetado, convirtiéndose su morada en centro de reunión; formando animada tertulia el párroco, el médico, el boticario, el notario, y algunas otras personas, sin límite en el número, pues siempre reciben los Marqueses cariñosamente a cuantos se honran y los honran acompañándolos una horita ó dos, después de comer, en aquellas reuniones que encantarían a Pereda y moverían su pluma para describirlas. Suele la infanta doña Isabel favorecer todos los años con su visita a los Marqueses, y el día que la hace lo es de fiesta para el pueblo; y como S. A. es de temperamento español puro, perspicaz observadora, que ve el detalle y el conjunto, el lado pintoresco de las cosas y la nota de color que las hace agradables, goza al hallarse rodeada de los sencillos moradores de El Espinar, al hablar con ellos, al recibir las felicitaciones del alcalde seguido de los notables, y al presenciar el bailoteo con que las mozas más garridas la obsequian, teniendo para todos palabras afables de encantadora llaneza, que penetran en los corazones y quedan como grato recuerdo en la memoria, por estar acompañadas de la majestad que tiene cuanto procede de la Realeza. No es la molestia límite a su bondad y deseo de que nadie quede disgustado.

Recuerdo que en una de sus rápidas excursiones a El Espinar se empeñaron en que viera una huerta; y como la noche ya hubiese cerrado, un mezo de labranza encendió un farol, y llevándolo de la mano fue alumbrando a la comitiva de la Infanta y la huerta, para que S. A. se enterara a la luz de la candileja.

Atestigua la importancia que en otros tiempos tuvo El Espinar su iglesia, que, si no fué trazada por Herrera, debió serlo por algún discípulo suyo. Al entrar en ella, atrae y fija la mirada el retablo del altar mayor, en el que hay maravillas debidas al pincel del artista favorito de Felipe II , quien le escribía a menudo, cuando no le llevaba en sus jornadas, diciendo: Al muy amado hijo Alonso Sánchez Coello. Ejecutó el retablo en 1573 Francisco Giralte, y por escritura pública otorgada en aquel lugar el 11 de Febrero de 1574 ante el escribano Miguel Arráiz, se concertó con Sánchez Coello el dorarlo, estofarlo y pintarlo, detallándose minuciosamente las condiciones, que fueron treinta y cinco, presentando el pintor nada menos que cuatro fiadores, cosa que era corriente, según se ve en contratos de la misma clase. Además se comprometía a pintar una cortina de clarobscuro que cubriese el retablo en las dos últimas semanas de Cuaresma. El precio que por todo se fijó fue el 3.350 ducados, y el plazo concedido el de tres años, a contar desde 1º de Abril de 1.574. Se consigna en el contrato que las tablas las había de pintar al óleo, precisamente de su mano. Uno de los fiadores que presentó fué Jacobo de Trezo, lapidario de S. M., vecino de Madrid en la parroquia de San Martín.

Dice Ceán Bermúdez que al día siguiente al de la firma de la escritura se juntaron en la parroquia de San Eutropio el vicario y cura, el beneficiado, los alcaldes, los regidores, el procurador del concejo, el mayordomo de fábrica y otros vecinos de El Espinar, y eligieron los asuntos que se habían de pintar en los tableros, y fueron los siguientes: 
- «en los pedestales del primer cuerpo, la Cena del Señor, ó institución de la Eucaristía, y la del Cordero Pascual: en los tableros de los intercolumnios del mismo cuerpo, el Nacimiento y la Epifanía del Señor: en los del segundo, la Circuncisión y su Resurrección; en los del tercero, la Ascensión y la venida del Espíritu Santo; y en los del cuarto, Cristo con la cruz a cuestas y el Sepulcro.» 

Después hubo algunas variaciones, porque en los pedestales del primer cuerpo pintó Sánchez Coello los cuatros Doctores de la Iglesia, y los cuatros Evangelistas en los tableros donde había de representar a Cristo con la cruz y el Sepulcro.
Añade el autor del «Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España» que pintó Sánchez Coello «las historias en Madrid, y son como de su manos. Y así es: en ellas se admiran las cualidades del insigne maestro, de quien dice D. Pedro de Madrazo que en el arte de pintar retratos rivalizó con Tiziano, con Holboin, con Moro y con el mismo Rafael.

Las obras fueron ejecutadas sobre tabla, y a pesar de contar más de tres siglos de fecha, se conservan en buen estado, sí bien tienen algunos pocos desconchados, que es por donde puede venirles la destrucción con el transcurso de los años si a tiempo no se ataja; cosa bastante difícil por falta de recursos. A simple vista no se halla en ellas mancha que revele que hayan sido profanadas por restaurador imperito, cuyas brochas tantos destrozos han causado en otras partes. En el cuadro que representa la Adoración de los pastores es asombrosa la perspectiva aérea, y en el techo del portal hay un grupo de ángeles iluminado por la luz que irradia el Niño Dios, ángeles que se sostienen con gallardía en el espacio: tanta es la ilusión que producen, que parece que la mirada penetra en el ambiente que los rodea. La figura de Jesús está dibujada en completo escorzo, atrevimiento que sólo a los grandes maestros es permitido.

En todas las tablas brillan las cualidades artísticas de Sánchez Coello, español por el nacimiento, veneciano por el colorido y flamenco por la ejecución. Su discípulo Santos Pedriel le ayudó en la tarea del dorado y estofado del retablo. Se sabe que el pintor Gaspar Falencia, que residía en Valladolid, estuvo en El Espinar a hacer condiciones
y postura para dorarlo de su cuenta; pero no hubo acuerdo, y le dieron 110 reales por gastos del camino.

Paréceme que los vecinos de El Espinar dan más importancia a la cortina ó aguazo que a las pinturas del retablo, debido a que aquéllas las están viendo desde niños y siempre que van a la iglesia, mientras que la otra sólo se baja en Cuaresma; y también ha de contribuir al mayor aprecio la proporción de las figuras, que permite apreciarlas y sentir la impresión del asunto y de la maestría del pincel de Sánchez Coello. La primera vez que estuve en El Espinar, el señor Cura, persona tan amable como ilustrada, me preguntó con la sonrisa del que está seguro de dar una agradable sorpresa: 
- ¿Quiere usted ver la cortina?
Contesté afirmativamente sin sospechar lo que iba a ver; pero al levantar la mirada a la bóveda del presbiterio y observar en lo alto un grueso rollo más ancho que el retablo, comenzó la curiosidad, que se avivó cuando supe que aquella enormidad de lienzo era una obra del gran pintor. Oí un chirrido, pusieron en movimiento la máquina construida por el citado Pedriel, y comenzó a desarrollarse una tela más ancha y alta que el altar mayor, que oculta por completo durante las semanas de Pasión y Santa, joya de arte que creo única en España. Figura un retablo de tres cuerpos, con columnas dóricas, jónicas y corintias, y un atrio en lo alto, y todo está pintado de blanco y negro.
En el atrio se ve al Padre Eterno, trazado con grandiosidad de línea que recuerda a Miguel Ángel, y pintado con suavidad que da majestuoso carácter a la figura, sin perjudicar el relieve. Sentadas al lado de las cornisas están la Fe y la Esperanza, de proporciones, disposición y dibujo esculturales.


En el cuerpo inferior se ve representado el Entierro de Cristo; en el del centro la caída del Redentor con la cruz a cuestas, que por su composición trae a la memoria el Pasmo de Sicilia., aunque no se parece a la famosa obra de Rafael, joya de nuestro Museo. «Pudo muy bien haber aprendido su profesión en Italia, dice Ceán Bermúdez, según la corrección que tenía en el dibujo »; y por tanto, no es aventurada la suposición de que viera el Pasmo en el convento de los Padres Olivetanos de Santa María dello Spasimo, donde entonces se hallaba, ó cuando menos alguno de los grabados que en 1517 y 1519 hizo Agustín Veneciano en vida de Rafael, y que lo recordase al pintar el aguazo de El Espinar. Está representado en el tercer cuerpo Cristo en la cruz, con la Virgen y San Juan á sus pies. Por los ventanales del presbiterio penetraba amortiguada luz que iluminaba el Gólgota, y sentí los arrobamientos de lo sublime al contemplar la imagen del Redentor, en cuyo cuerpo se ve el estremecimiento de la agonía, fija en el cielo la mirada, abiertos los labios para exclamar: Consummatum est, y después inclinar la inerte cabeza coronada de espinas. ¡Qué maravillosa obra maestra resultaría la del escultor que lograse reproducir de bulto el Cristo en la cruz, de Sánchez Coello ¡Cuánto debe impresionar la obra del gran pintor en las semanas de Pasión y Santa, cuando hay luto en el templo, lágrimas en los ojos, plegarias en los labios y arrepentimiento en el alma!

Posee la iglesia de El Espinar otras riquezas artísticas, entre ellas una tabla que, a mi entender, tiene importancia, como la famosa de Dalmau que conserva el Ayuntamiento de Barcelona. La de El Espinar pertenece al siglo XV y merece ser examinarla por personas peritas que fijen sus cualidades, nacionalidad y originalidad, pues de ser española constituiría un dato precioso para la historia de nuestra pintura en los siglos XIV y XV, que aun está por escribir y que ahora se comienza a estudiar, asombrándose los que en tal tarea se ocupan de que durante siglos hayan permanecido casi ignoradas las tablas de artistas, en particular de la antigua Corona de Aragón, que fueron dignos antecesores de Juan de Juanes, Ribalta, Tristrán, Ribera, Velázquez y Murillo. Tienen las figuras tres cuartos del natural, y se admira en sus actitudes y rasgos aquella candidez de un arte que se inspiraba en la fe, candidez que tan directamente habla al alma. En la sacristía se conservan algunos cuadritos sobre cobre, de factura italiana. Un lienzo
firmado Franciscus Bans faciebat, Francisco Bassano, tiene por asunto la bendición de Jacob por Isaac. Hay que inclinar la cabeza para saludar á un gran maestro ante una tabla de la Edad de Oro de las letras y las artes, que representa a Cristo con la cruz, de vigoroso colorido, ejecución acabada, siendo maravillosas las manos, en cuyas uñas se transparenta la sangre a causa de los esfuerzos del Salvador por sostener el instrumento de su suplicio. Las espinas están clavadas con tanta verdad en la divina frente, que se siente la impresión del dolor.

Antes de poner punto, diré que debe haber muchos pueblos que, como El Espinar, encierran tesoros artísticos, cuya conservación depende do lo que duran, no del cuidado que se pone en guardarlos, que es ninguno por ignorarse su valor; y añadiré que prestarían un gran servicio los que, al tener noticia de su existencia, los dieran a conocer para despertar el deseo de conservarlos al sentir el legítimo orgullo de poseerlos. 

TEODORO BARÓ.

El Correo de España : periódico ilustrado de intereses españoles Año III Número 101 - 1896 Mayo 03

FOTOS ACTUALES DE LA IGLESIA


RETABLO

FOTOS DE LA SARGA DURANTE LA CUARESMA




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