SOBRE GONZALO RUIZ DE MONJARAZ Y JUANA DE HORTIGOSA (y V) por Servando Hurtado

Continuando con la Fundación Gonzalo de Monjaraz, es lo único que quedó del Mayorazgo, pues como hemos visto las circunstancias hicieron que se perdiese el propósito de Gonzalo, el fundador, de continuar su apellido en el Mayorazgo.

Efectivamente los temores de Elvira Ruiz de Monjaraz se sucedieron, más pronto que tarde. A su muerte, su sobrino Gonzalo de la Lama de Monjaraz, queda como Patrono de la Fundación por ser cabeza del Mayorazgo, pero vivía en Segovia ocupado en sus asuntos, y se murió al año siguiente 1558. En vida de Elvira, su primo Alonso Hernández de Hortigosa se convirtió en el administrador local de la “Limosna de Pobres” con la supervisión de la Madre Abadesa del Convento de Stª Isabel. Ya a finales del siglo XVI, en 1595, otro “deudo” familiar próximo, Pedro Ruiz de Monjaraz y Pedraza pidió copias de las escrituras de los dichos testamentos (que son las que nos han llegado a nosotros). Este era hijo de Catalina de Pedraza (hija de Alonso Hernández de Hortigosa, hermano de Dñª Juana) y de Juan Ruiz de Monjaraz Ibañez, que fue Corregidor en Segovia en 1573, y a su vez era hijo de Pedro Ruiz de Monjaraz primo carnal de Gonzalo el fundador, todo lo cual nos da en pensar que fue el siguiente en la administración local de la Fundación.

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documentos de el Berrocal y El Campillo
El molino siguió en manos del convento durante más de un siglo, pues como ya he comentado con anterioridad, en el Libro Becerro del Convento de Stª Isabel de El Espinar aparece dicho molino en el año 1672 con lo que rentaba y a quien se lo tenían arrendado. Pero apenas 80 años después, ya en 1751, en el Catastro del Marqués de la Ensenada aparece como propiedad del Concejo de la Villa. No sabemos que proceso llevaría a esta titularidad, ni la causa. Ya a principios del siglo XX sabemos que el molino pasó a ser propiedad particular de la familia Sasó Mexias y sus herederos hasta hoy. Sin tener tampoco conocimiento del proceso ocurrido para pasar la propiedad de la Villa a manos de particulares.
En cuanto a las diez fanegas que se acumularon por Elvira de el molino, pienso que al perderse dicho molino, se perdieron también, como es lógico. Y en cuanto al prado por debajo de la Ermita del Stmo. Cristo, si se dejaron de decir las misas, ocurriría lo mismo, y de hecho no me ha llegado documentación que aporte luz sobre esto.
Dñª Juana de Hortigosa dejó instituido que el Patrono de la Fundación iría unido a la cabeza del Mayorazgo “… Y ES MI VOLUNDAD QUE EL TAL PATRON QUE ASI LA DICHA MI HIJA O SUS DESCENDIENTES NOMBRAREN SEA DEL DOMINIO COMO DICHO ES Y EL CUAL ASI NOMBRADO NOMBRE A OTRO DE ESTO QUE ASI ANDE DE UN DEUDO EN OTRO Y QUE NO HABIENDO DEUDOS ATENDIENDOLO LA DICHA MI HIJA O UN DESCENDIENTE O UN DEUDO Y FALLECIDO SIN LO DEJAR; MANDO QUE SUCEDA POR PATRON DE ELLO AL CURA HEMINENTE QUE DIGA LAS MISAS POR NUESTRAS ANIMAS DE LA IGLESIA DEL SEÑOR SAN EUTROPIO DE ESTE LUGAR …
Efectivamente el Patrono de la Fundación fue ininterrumpidamente por orden cronológico y por los diversos lazos de matrimonios de Dñª Juana de Hortigosa a su hija Elvira Ruiz de Monjaraz, de esta a su sobrino y cabeza del Mayorazgo Gonzalo de la Lama de Monjaraz. A este le sucedió su hija Juana de la Lama de la Cueva, que fue Duquesa viuda de Alburquerque, 3ª Marquesa de Ladrada y Duquesa de Medinaceli, falleciendo en 1584. Le sucedió su hijo Gonzalo de la Cerda de la Lama, y a el su hijo Juan de la Cerda Leiva y Arteaga, coincidiendo con la fecha que tenemos del molino aun perteneciendo al convento. Fue su hijo Pedro de la Cerda y de Leiva el siguiente cabeza del Mayorazgo y por tanto Patrono de la Fundación. A Pedro le sucede su hija María Teresa de la Cerda y de Leiva, pero al morir sin descendencia, pasa a otra rama familiar en la persona de su prima María Josefa de la Cerda Rocaberti hacia 1722. Fue el siguiente su hijo Francisco Coloma de la Cerda y Leiva que murió también sin sucesión en 1729, pasando el Mayorazgo al linaje de los Condes de Teba y después a los Condes de Montijo, también primos, en la persona de Cristóbal Portocarrero Funes de Villalpando coincidiendo con el Catastro del Marques de la Ensenada, donde ya no aparece el molino como propiedad del Convento de Stª Isabel, sino como bien de la Villa de El Espinar. El siguiente en ser cabeza del Mayorazgo fue su nieta María Francisca de Sales Portocarrero y a esta su hijo Eugenio Portocarrero y Palafox. Le sucede su hermano Cipriano Palafox Portocarrero, padre a su vez de María Francisca de Sales Portocarrero, hermana de la Emperatriz Eugenia de Montijo, descendientes directas de Juana y Gonzalo de Monjaraz. María Francisca casó con Jacobo Fitz James Stuart, Duque de Alba y fueron padres de Carlos Fitz James Stuart Portocarrero, a quien le sucede como cabeza de dicho Mayorazgo y Patrono de la Fundación su hijo Hernando Fitz James Stuart y Falcó. El siguiente fue su primogénito Hernando Alonso Stuart Saavedra, padre de Jacobo Fitz James Stuart Gómez, padre a su vez de Cayetana Fitz James Stuart y Silva Falcó, la cual pasó el testigo a su hija Eugenia Martínez de Irujo Fitz James Stuart, última Patrona de la Fundación dentro de la saga familiar de Juana y Gonzalo de Monjaraz.

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fotos de el Berrocal y El Campillo, y prados, o huertas de las calles Real y de la Zarza
Durante estos quinientos años la Fundación ha seguido cumpliendo sus funciones a pesar de los intentos por parte de los usufructuarios de las fincas de El Campillo y del Concejo de Ortigosa del Monte por redimir sus censos, como ocurrió, al menos, en agosto de 1650 ante el escribano de su Majestad Pedro Sanz Gonzalez, noviembre de 1758 cuando aparece otra escritura del Conde de Baños “patrón de sangre” ante el escribano publico Gabriel Loarre, donde se ratifica ante él y el Concejo de Ortigosa del Monte el Censo Perpetuo sobre la Finca el Berrocal, por el cual, de no pagarse dicho censo, las fincas pasarían al Patrono de Fundación, Igualmente en noviembre de 1775 ante Manuel García Barragán escribano público, y ante la insistencia de redimir el susodicho censo, se hace una relación literal de las fincas que tendrían que devolver y que componen las propiedades para las 50 fanegas de Ortigosa, y que son:
  • Un Soto de pastos y monte de 240 obradas, conocido por “El Berrocal”
  • Un Prado a los Toriles de dos peonadas.
  • Otro a la calle del Veoyo, o la Talangueras de tres peonadas.
  • Otro a los Tremedales de peonada y media.
  • Dos a los Mesinos de Arriba de siete y cuatro peonadas cada uno.
  • Otro a los Mesinos de Debajo de ocho peonadas.
  • Otro al sitio de la Lampara de cinco peonadas.
  • Otro al sitio de la Deslizadera de cuatro peonadas.
  • Otro al sitio de la Fuente de ocho peonadas.
  • Otro a la Estrivilla de seis peonadas.
  • Otro llamado la Cerca Ribada de cinco peonadas.
  • Huerta en el casco del pueblo que linda con el corral del Sr. Infante, hace “unas cuartos”.
  • Una tierra en Cabañuela de una obrada.
  • Un terreno en el erial al sitio del Calvario de tres obradas.
  • Otro terreno por bajo del puente de los Arcos de tres obradas.
  • Unas eras al sitio de la Nava el Guijo de nueve obradas.
  • Otras eras arriba que lindan con cercado de Villalobos.
  • Dos casas en el casco del pueblo al sitio del barrio de la iglesia con los nº 4 y 6.
Y lo mismo ocurre en abril de 1865 ante el escribano Manuel Yagüe Becerril, donde se ratifican estas mismas propiedades “TESTIMONIO DE RELACIÓN DE LAS HACIENDAS QUE POSEE LA EXCMA. SRA. CONDESA DE MONTIJO Y DE MIRANDA, EN EL PUEBLO DE OTIGOSA DEL MONTE”, que quedaron como “CENSO O RENTA PERPETUA DE DѪ JUANA DE ORTIGOSA TODAS LAS HEREDADES QUE TENÍA EN EL TÉRMINO DEL LUGAR DE ORTIGOSA DEL MONTE”.
En un momento determinado se consiguió del Patrono, por un tiempo limitado, y dadas las crisis económicas del siglo XIX, una reducción de las cantidades a aportar. Más tarde muy avanzado el siglo XX, el Servicio de Asistencia Social Provincial estableció una cantidad en metálico que fuera más manejable para satisfacer el pago de la “Limosna de Pobres”. Y a finales del pasado siglo y principios del XIX, primero los usufructuarios de El Campillo, y después el Ayto. de Ortigosa dejaron de pagar las cantidades correspondientes, sin ser tampoco reclamadas.

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Hay que hacer constar que no sabemos en que momento, ni porqué causa, esta Limosna de Pobres para los más necesitados de El Espinar, se modificó para que lo recibieran las viudas del pueblo. ¿Quizá por qué aumentaran el número de pobres y no hubiera suficiente para todos?, ¿quizá porqué al reducir al aporte de los censos fuera insuficiente para el reparto habitual? No sé, pero lo cierto es que, a nuestros días ha llegado como “El pan de las viudas”, y con esa denominación se conocen también, en algunos círculos, los dos prados de las calles Real y de las Zarzas.
En cuanto a estas huertas o prados, según las mediciones, juntaban 18.151,21 m2. y a principios del siglo XX fueron arrendadas por el administrador local, Antonio Velasco Yagüe en noviembre de 1927 a D. Agustín García Barreno por la cantidad anual de 250 pesetas anuales, por la posibilidad de “PODRÁ SEGUIR RIGIENDO POR LA TÁCITA TODO EL TIEMPO QUE CONVENGA A LAS DOS PARTES CONTRATANTES” revisándose el importe periódicamente, de forma que en la actualidad sigue llevándolo en renta un heredero de la misma familia.
¡Quien le iba a decir a Elvira, que la Fundación de su padre iba a sobrevivir mucho más que el Convento de Stª Isabel!, y por tanto las funciones de la madre abadesa desaparecerían, quedando en manos del administrador local que sería un deudo de la familia Monjaraz originaria, y así llegaría hasta la segunda mitad del siglo XX. Periodo en el que el administrador local recogía los sacos con el grano en los lugares de origen, se traían a El Espinar y se repartían a las viudas necesitadas, de las cuales se tenía relación. De ahí se daba cumplido informe de las cantidades repartidas y las viudas que lo percibían al Servicio de Asistencia Social de la Administración Provincial en Segovia. Hasta que daba su aprobación, todo lo cual, después era entregado en el Palacio de Liria de la Casa de Alba como cabeza del dicho Mayorazgo y Patrono de la Fundación para la aprobación de las cuentas anuales.
Estos terrenos, al pasar a ser urbanos empezaron a pagar unos altos IBIS, con los cual no quedaron fondos para el reparto a las viudas. Por otro lado, estos terrenos, que seguían sin urbanizar, casi en el centro del casco urbano, creaban problemas al Ayuntamiento de El Espinar. Así cuando en los últimos años del pasado siglo se planteó la urbanización de los Concejos, parte de estos terrenos se incluyeron en dicha urbanización y el Ayto., no sé si por ignorancia, recurrió al Párroco, en vez de al Patrono, para ver cómo solucionar la situación. De esta forma se registraron estos terrenos a nombre del Obispado, el cual se hizo cargo de las aportaciones que fueron necesarias para dichas obras de urbanización. A la vez se dispuso la construcción del nuevo colegio de enseñanza en parte de la “Huerta de abajo”, quedando como prado el resto.

Ante estas informaciones que me iban llegando, decidí hablar con el Patrono para ponerle al día de la situación y me puse en contacto con el Administrador de la Casa de Alba. Tuvimos varias reuniones en el Palacio de Liria, alguna con el Párroco de San Eutropio, el actual Duque de Alba y los abogados de la Casa para poder ver una solución de continuidad. Se decidió recoger toda la información posible que nos permitiera actuar.

Pero el tiempo pasó y eran lentísimos los pasos que se daban. Realicé un informe lo más completo posible de la Fundación y entregué copia en las diversas administraciones de Segovia, a la Casa de Alba, a los diversos grupos del Ayto. de El Espinar y a los periódicos. El resultado fue que algunos funcionarios del Servicio de Fundaciones, que había sustituido al Servicio de Asistencia Social de Segovia, se interesaron en el tema, y una vez comprobada la documentación que aporté, se pusieron en contacto con la Casa de Alba. Esta dicha Casa que, debe de tener multitud de mayorazgos y fundaciones de todo tipo, que no le aportan ni un céntimo de beneficios, y si, múltiples problemas, quebraderos de cabeza, y que por supuesto, la sangre que les correspondiera de Juana y Gonzalo de Monjaraz la tienen ya muy diluida, llegaron a un acuerdo de cesión del Patronazgo a la Junta de Castilla y León con todas sus consecuencias. De esta forma, se creo un Patronato provisional en Segovia, pero sus componentes no llegaron a aceptar formalmente el cargo.

Lo siguiente que hicieron los funcionarios de Segovia fue venir a mi y al Ayto. de El Espinar para crear un Patronato aquí. El Ayto. de turno, no vio la viabilidad, y yo, siempre, con el asesoramiento constante, del Servicio de Fundaciones de la Junta de Castilla y León empecé a formar dicho Patronato. Conté con el Párroco de San Eutropio y una serie de personas para formarlo, junto con la colaboración desinteresada de un abogado como secretario. Se registró ante notario, así como en las diversas administraciones, y empezamos las larguísimas e interminables conversaciones epistolares con el Obispado para que retirase el Registro realizado en su día, ya que no le corresponde. Siempre siguiendo las pautas marcadas por el Servicio de Fundaciones de la Junta de Castilla y León.

En la actualidad, a raíz del cambio del cargo eclesiástico del Obispado, se ha mostrado una postura de colaboración por su parte, y en estos días, cumpliendo los estatutos, estamos preparando la renovación de los componentes del Patronato, de forma que seguidamente, empezaremos por reclamar el pago y actualización de los censos de El Campillo y Ortigosa, y poder así dar continuidad a los deseos de los Fundadores. Y sobre todo, esperando no dar lugar a que Dñª Juana de Hortigosa “…LE CITO Y LLAMO ANTE NUESTRO SEÑOR DIOS A DAR RAZON…” a nadie por “IMPERTRAR” su voluntad con sus propiedades destinadas a ayudar a los más necesitados de El Espinar.

FIN

Servando Hurtado Gonzalez
El Espinar, a 10 de junio de 2020