María Tubau, actriz veraneante de San Rafael a principios del Siglo XX

Hace muchos meses, publicamos un artículo en el que se hacía referencia a dos personajes que veraneaban en San Rafael a principios del siglo XX, Ceferino Palencia, dramaturgo y empresario teatral español y la actriz de la época, la gran Maria Tubau. Decía: 

San Rafael "Allí, desde hace varios años, pasan también la temporada estival Ceferino Palencia, su esposa la insigne actriz María Tubau y sus hijos."  ENLACE

Es de ella, de la actriz, de quienes os vamos a hablar hoy, y del reportaje que el diario EL GRAFICO le dedico en 1904, cuando tenía 49 años, mientras veraneaba en su casa de San Rafael junto a su familia. Un reportaje a lo "Ana Obregón" a lomos de una borriquilla espinariega y luciendo, a pesar de la mala calidad del escaneado, unos estupendos vestidos de todo postín. 



María Tubau. nació en 1854 en la madrileña calle de Espoz y Mina, en el seno de una familia de clase media, debutó en el teatro de la Zarzuela de Madrid cuando solo contaba doce años de edad. Hacia 1875 aparece en la temporada del teatro Apolo de Madrid actuando en la compañía de Antonio Vico, donde alcanzó grandes triunfos como primera actriz. Pasó en los años siguientes a trabajar en el teatro de la Comedia bajo la dirección de Emilio Mario. Repetiría éxito en la compañía del empresario y dramaturgo Ceferino Palencia, con quien contrajo matrimonio en 1881.

Elegante y muy bella, se especializó en papeles de gran drama e introdujo en el panorama escénico español a autores extranjeros como Alejandro Dumas hijo, cuya interpretación en su Dama de las Camelias, según la traducción española realizada por su hermano Ramón Álvarez Tubau, le valió el ser reconocida como una de las más destacadas actrices de su época. El estreno de la celebrada puesta en escena tuvo lugar el 23 de diciembre de 1890, desde entonces figuró siempre en el repertorio de su compañía.

Sería también profesora de Declamación en el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid desde 1905 hasta su fallecimiento. El Museo Nacional del Teatro en Almagro (Ciudad Real) conserva un amplio fondo documental sobre su persona y su trayectoria profesional, bajo el nombre de Legado Ceferino Palencia-María Álvarez Tubau.  Fuente:  Bibl.: J. Ezquerra del Bayo y L. Pérez Bueno, Retrato de mujeres españolas del siglo XIX, Madrid, Junta de Iconografía Nacional, 1924; J. Dileito y Piñuela, Estampas del Madrid teatral fin de siglo, Madrid, Saturnino

MARIA TUBAU EN SAN RAFAEL

María Tubau veranea en San Rafael, y San Rafael es un apeadero donde no se detienen más trenes que los mixtos y mercancías. 

En uno de estos mixtos fui á San Rafael, desarrollando el tren una velocidad media de 20 kilómetros por hora, resistidos en vagones viejos y calcinados por el sol, con crujientes articulaciones y nada cómodos asientos.

No recuerdo cuándo llegué á San Rafael; el paisaje y el ambiente me resarcieron del tormento á que la Compañía me sometió en su ferrocarril. Desde el apeadero se dominaba una senda de pinos, que bajaba graciosamente y subía al monte con una gallardía encantadora; no lejos, y á la derecha, salpicaban el suelo infinidad de hotelitos aislados y coquetones, y en los perfiles duros de fas montañas se veía la pureza del ambiente, impregnado de resina y ázoe; los pulmones se ensanchaban, dilatábase el espíritu; allí dominaba la Naturaleza.

Luciendo palmito en los pinares Sanrafaeleños 
En este rincón de pinos veranea María Tubau; allí vive una vida apacible la eminente actriz. Se levanta temprano, y, sentada en Preciosa, una borriquilla muy simpática que posee María Tubau, sube á la montaña y pasea por entre los árboles, allí, á la sombra de los saludables pinos; estudia los papeles principales de las obras que comenzarán la próxima temporada, y siempre al lado de su marido y de sus hijos, deja transcurrir los días, rodeada de una vida familiar y sugestiva, patriarcal y bucólica, sencilla y hermosa, que hace pensar con extrañeza en las creaciones trágicas de aquella gran actriz, que entre los pinos y acariciando á su burra, bebiendo agua de la montaña y desayunando sentada en el suelo, al lado de su marido y de sus hijos, no es Margarita Gautier y Catalina. No importa; no es duquesa, ni reina, ni buena, ni mala; no es actriz, en fin; es una madre de familia cariñosa, una esposa enamorada de su marido, que repone su salud, quebrantada por un trabajo excesivo: es María Tubau íntima, tan natural, tan amable, tan cariñosa, tan sugestiva.

Que ¿qué vida hago?—me decía riendo la gran actriz—. Pinos por la mañana,

pinos por la tarde, y paseos en mi borriquilla por todas partes y á todas horas.

Esto es" delicioso—añadía con gran entusiasmo—, estos pinos y estos' aires son

fuentes de vida, para mí al menos. Me encuentro tan bien, que si este invierno

trabajo en Madrid pienso colocar en la puerta de mi teatro el siguiente letrero:

«Sé representan comedias nacionales y extranjeras y se vende salud...»

María Tubau dice bien: está mejor que el año pasado; les quita á los pinos cualidades salutíferas y se las apropia; viendo á María Tubau me parecía imposible que fuese la misma mujer que tanto ha trabajado, luchando en los escenarios con el público.

En San Rafael es popular la borriquilla le nuestra primera actriz; Preciosa se siente mimada, come chuletas v caramelos, y dice Ramón Tubau que sabe hablar y canta romanzas. Lo que sí puedo asegurar es que María le tiene gran cariño, v sufre si alguien castiga á Preciosa.

«—Ante todo— me dijo Ceferino Palencia— es necesario que sepa el público por qué no estaremos este año en nuestro teatro, en la Princesa, de donde, después de catorce años, nos ha arrojado la intriga, Cuando la dueña de la Princesa pensó en vender el teatro, le preguntamos la situación de nuestro contrato, y la duquesa nos dijo que nuestro contrato sería respetado, siendo ésta una de las condiciones para la venta de la Princesa; quedé tranquilo, y un día recibo el contrato que me enviaba el comprador, y me asombré; aquel contrato no era el que yo tenía concertado con la duquesa; aquel era un contrato inadmisible, que desde luego rechacé. Al día siguiente supe que Thuillier tenía mi teatro.


Han dicho los que no han debido inventar calumnias que este año no tendría la Princesa porque hasta ahora tuve el teatro gratis, y que desde su venta el comprador me exigía lo que yo no quería pagar: los que eso han dicho, mienten. Tengo documentos que acreditan que yo tuve siempre el teatro de la Princesa bajo las siguientes condiciones: El 8 por 100 de la entrada, 100 pesetas diarias de luz, y los domingos 180, mas los sueldos diarios forzosos de administrador, conserje y porte he cumplido siempre con religiosidad las anteriores  condiciones, y he pasado por las imposiciones de la duquesa cuando en estos últimos años deseaba que_ no se representasen comedias que ella juzgaba inmorales, entre las que está La dama de '.as Camelias. ¿Por. qué se obstinan algunos en molestarme con ¡especies calumniosas? Yo no he hecho mal a nadie; ¿por qué quieren hacérmelo á mí?

Quiero ir al teatro Lírico, y si no he firmado ya el contrato para quedarme con él, ha sido por no haberse celebrado una reunión de síndicos que decidirán su alquiler; pero yo estoy dispuesto á trabajar este invierno en Madrid, y tengo muchas probabilidades de quedarme con el Lírico.

Si me quedase tengo mis planes, planes vastos que pudieran convertir el Lírico en el primer teatro madrileño...» 

Haría bien Ceferino Palencia, y si yo pudiera aconsejar á esa reunión de síndicos, les diría que subvencionasen á Ceferino después de darle el teatro, porque venir Palencia al Lírico supone acreditar un teatro que nació muerto y vivió en el mayor desprestigio. Ceferino Palencia, que ha resucitado la Princesa y el Principal, de Barcelona, traería al Lírico su crédito de empresario, el nombre prestigioso.

De María Tubau y un arte puro que desinfectaría el ambiente de un teatro que hasta ahora no ha servido más que para mitins y bailes públicos.

 

La Compañía de María Tubau—añadió Ceferino—será reforzada con la Sala, García Ortega, Mendiguchía, es muy posible que Tallaví y otros cuyas contratas aún no tengo ultimadas. Cuento con varias obras, en las que tengo grandes esperanzas. 

Tengo dos obras de gran espectáculo, una titulada La regencia, que es de Cavestany, y otra de un autor francés desconocido eñ España, que espero cause una gran sorpresa. Tengo una carta de doña Emilia Pardo Bazán en la que me asegura que me entregará su comedia en tres actos, donde María tendrá un papel muy importante;  cuento con Mater dolorosa, de Leopoldo Cano; La alquería, de Villegas, que se estrenó con éxito en Barcelona; otra de Baruete; otra original, que Jacinto Benavente me ha prometido, y otras aún sin título que se estrenarán si la temporada lo permite.

Este año estrenaré Las alegres comadres; trabajo sin cesar, y creo que ha de causar una gran sorpresa, por la índole de la obra. No quiero aventurar nada; sólo puedo decir que se desenlaza aquí, en San Rafael. 

De la hora de terminarse los espectáculos, creo que el gobernador se ha corrido en media hora; es decir, que los teatros deberían terminarse media hora antes de lo que dice el gobernador en su circular.

Yo siento que esa circular perjudique al género chico; pero todos los chicos crecen, y ese género cada vez es más pequeño. Y mi reconciliación con la Sociedad de Autores está cada día más lejana; puedo vivir muy bien sin ella...»

Y termino esta información, para que no vaya á resultar tan lenta como el tren que me devolvió á Madrid, que no llegaba nunca.

Adelardo FERNÁNDEZ-ARIAS

APUNTE:

Lamentablemente, la actriz murió solo 10 años después, con 59 años, como recogía La Vanguardia en este recorte:

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